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"[...Y si, como he dicho, fue preciso, para que Moisés pusiera de manifiesto sus virtudes, que el pueblo de Israel estuviese esclavizado en Egipto, y para conocer la grandeza de Ciro que los persas fuesen oprimidos por los medas, y la excelencia de Teseo que los atenienses se dispersaran...] (Maquiavelo, El Príncipe)
La bibliofilia fue el origen de esta biblioteca memorable. Los avatares que ha sufrido no han hecho sino acrecentar su valor, que se mide por el rasero de lo preciosista en las formas y los materiales, del contenido variadísimo (supone casi un compendio del saber desde el Medioevo hasta la Ilustración), y de la excepcionalidad de sus notas marginales, verdadera hemeroteca cinco veces centenaria. Al contrario que otras bibliotecas de la Antigüedad, el Fondo Katí ha superado la prueba del tiempo manteniéndose unida bajo el cobijo de unos mismos propietarios. Con un alma que ha pasado del mito a la literatura en el conocimiento de los occidentales, el Fondo Katí vive en estos momentos un clima de apertura, de ruptura con los modos de obrar del pasado. Modos que si bien le han servido para sobrevivir, lo mantenían fuera del alcance de los investigadores y estudiosos. La catalogación del Fondo y el comienzo de su restauración son un horizonte próximo. Ojalá supongan la salvación definitiva de esta deslumbrante colección que haría removerse en su tumba al propio Borges. El extraño argentino imaginó una Biblioteca Infinita; estas caligrafías de ensueño que llenan vitelas, pergaminos y papeles árabes o italianos, tendrían un lugar de honor en sus anaqueles. Sus páginas han comenzado a sacudirse ya el polvo del camino.
